27 de abril de 2026
Calor extremo y sistemas agroalimentarios: una amenaza silenciosa para lo que comemos
El calor extremo se ha convertido en una de las amenazas más urgentes para los sistemas agroalimentarios. Ya no se trata únicamente de un problema ambiental o climático: sus efectos alcanzan la producción de alimentos, el trabajo rural, los precios, la salud pública y la seguridad alimentaria. En un mundo cada vez más caliente, garantizar el derecho a una alimentación suficiente, saludable y sostenible exige mirar con atención lo que ocurre en el campo, en las cadenas de abastecimiento y en los territorios más vulnerables.
Las olas de calor, cada vez más frecuentes e intensas, afectan directamente la producción agrícola. Muchos cultivos dependen de rangos específicos de temperatura para germinar, crecer, florecer y producir frutos. Cuando las temperaturas superan esos límites, pueden reducirse los rendimientos, deteriorarse la calidad de los alimentos y aumentar la necesidad de riego. Esto es especialmente preocupante en regiones donde el acceso al agua ya es limitado o donde la agricultura depende de lluvias cada vez más irregulares.
El calor extremo también afecta la ganadería. Las altas temperaturas generan estrés térmico en los animales, lo que puede reducir la producción de leche, afectar la reproducción, aumentar enfermedades y elevar los costos de cuidado. En el caso de la pesca y la acuicultura, el aumento de la temperatura del agua puede alterar ecosistemas, modificar la disponibilidad de especies y afectar los medios de vida de comunidades que dependen de estas actividades.
Pero el impacto no se limita a los alimentos como productos finales. También afecta a las personas que los producen. Millones de trabajadores rurales realizan labores al aire libre, muchas veces en condiciones de informalidad o con baja protección social. El calor extremo incrementa el riesgo de deshidratación, agotamiento, golpes de calor y accidentes laborales. Por eso, hablar de adaptación climática en los sistemas agroalimentarios también implica hablar de condiciones dignas y seguras para quienes siembran, cosechan, transportan y comercializan alimentos.

En Colombia, este tema tiene una relevancia especial. El país cuenta con una gran diversidad climática y agrícola, pero también enfrenta desigualdades rurales, conflictos por el uso del suelo, deforestación, inseguridad alimentaria y alta exposición a fenómenos climáticos extremos. Las sequías, incendios forestales, alteraciones en los ciclos de lluvia y aumentos de temperatura pueden afectar cultivos básicos, economías campesinas y cadenas locales de abastecimiento. Esto puede traducirse en menor disponibilidad de alimentos, aumentos de precios y mayores dificultades para que los hogares accedan a dietas saludables.
Frente a este escenario, la respuesta no puede limitarse a reaccionar cuando ocurren emergencias. Los sistemas agroalimentarios necesitan prepararse de manera anticipada. Esto implica fortalecer sistemas de información climática para productores, promover prácticas agrícolas adaptativas, proteger fuentes de agua, diversificar cultivos, apoyar la agricultura familiar y mejorar la infraestructura rural. También supone diseñar políticas públicas que integren seguridad alimentaria, cambio climático, salud, ordenamiento territorial y protección social.
El calor extremo nos recuerda que los alimentos no aparecen de manera aislada en nuestras mesas. Cada producto depende de suelos, agua, semillas, trabajo humano, transporte, energía y condiciones climáticas relativamente estables. Cuando esas condiciones se alteran, también se altera nuestra capacidad colectiva de alimentarnos bien.
Por eso, pensar en sistemas agroalimentarios sostenibles en tiempos de calor extremo no es una preocupación futura: es una tarea del presente. Adaptar la producción, proteger a los trabajadores rurales, cuidar los ecosistemas y garantizar el acceso a alimentos saludables son acciones necesarias para enfrentar un mundo más caliente sin profundizar las desigualdades existentes.
La pregunta ya no es solo cómo producir más alimentos, sino cómo producirlos y distribuirlos de manera justa, resiliente y compatible con los límites del planeta.
Emma J. Camargo Diaz
Mesa Interfacultades en Problemáticas Agroalimentarias
Referencias
FAO, IFAD, UNICEF, WFP & WHO. (2025). The State of Food Security and Nutrition in the World 2025: Addressing high food price inflation for food security and nutrition. FAO.
FAO. (2026). Latin America and the Caribbean Regional Overview of Food Security and Nutrition. FAO.
World Food Programme. (2025). Colombia Country Strategic Plan 2025–2028. WFP.
United Nations Environment Programme. (2024). Global Resources Outlook 2024. UNEP.