12 de febrero de 2026
PLAZA DE MERCADO COMO PILAR DE DESARROLLO ECONÓMICO, TURÍSTICO, GASTRONÓMICO Y CULTURAL

Mercado de Rotterdam. MARKTHAL Mhttps://commons.wikimedia.org/wiki/File:Markthal_-_City_of_Rotterdam.jpg. Frans Berkelaar. https://www.flickr.com/people/28169156@N03
El desarrollo de una comunidad urbana, su crecimiento demográfico, y sus relaciones económicas, sociales y ecológicas, pueden tener varios epicentros de observación donde se ejemplifican y se vuelven tangibles o perceptibles las diferentes dinámicas culturales, allí lo subjetivo se transforma en estructura física, y donde lo inmaterial se unifica con lo material, lugares en tiempo y espacio generadores de una “supra estructura”, hechos sociales culturales integradores y holísticos.
Este es el caso de las instituciones de gobierno, educativas, religiosas y mercados que a través de sus expresiones urbanísticas siempre demostrarán el grado de complejidad, de avance y de desarrollo de la comunidad, de la sociedad, de su Estado y de su civilización. En occidente esto es evidente, sus ciudades o municipios tienen su epicentro en estas instituciones y urbanísticamente nacen en una plaza mayor, donde se unirán gobierno, religión, educación y comercio. Este es el vórtice de lo que se denominará el Centro, el Downtown, partiendo de allí se desarrollará el resto de la ciudad y se administrará su crecimiento, es su corazón y su cerebro.
La complejidad logística de esta primigenia unión urbanística, hizo que algunos de estos “poderes” tuvieran que ser desplazados de su centro a medida que fueron creciendo, este fue el caso de los campos santos, algunas instituciones de formación, guarniciones militares, hospitales entre otros.
El mercado principal fue uno de ellos, basándose en la salubridad, el movimiento social de las personas y el aforo del área, hizo que se tuviera que realizar un lugar diferente a la plaza mayor, creando urbanísticamente lo que se conoce como galería o plaza de mercado, que pudiera recibir con mejores condiciones dicha actividad (o por lo menos en teoría).
Realmente la evidencia arquitectónica del desarrollo de los mercados demuestra el desarrollo de su civilización base, los mercados son muestras de la relación del humano con el medio y consigo mismo, muestra la viabilidad de su modelo económico, y claramente permite desde lo más simple y básico observar si su comunidad urbana puede sobrevivir y no morir de hambre, literalmente si una ciudad tiene seguridad alimentaria lo demostrará en sus mercados.
Este desarrollo urbanístico se encuentra en la gran mayoría de municipios y casi en la totalidad de ciudades, sin embargo, en Colombia el cumplimiento de las condiciones y la adecuada logística e ingeniería de las mismas ha sido deficiente en casi todo el territorio, haciendo que el mercado, cuna del desarrollo económico, también genere problemáticas sociales de muchos tipos que afectan su facultad cohesionadora, su imagen de progreso, y de bienestar general.
Desde lo positivo hay ejemplos a lo largo de todo el mundo, donde los mercados y sus plazas desarrollan no solo la economía de la comercialización de los productos básicos, sino el desarrollo de productos elaborados, también servicios, y otras actividades relacionadas con la cultura y con el turismo, convirtiéndose a su vez en reproductora de patrimonio y forjadora de elementos de identidad local, regional y hasta nacional.
Los gobiernos locales de algunos municipio y ciudades de nuestro país han caído en conciencia y han comenzado a generar proyectos de reactivación urbanística y económica de estos lugares; hay que anotar que en décadas pasadas nuestros mercados se dejaron a la deriva de su macroeconomía, reemplazando en muchos casos las plazas, por otros modelos como las grandes superficies, mercados pequeños y grandes centrales de abastos, sin comprender su fortaleza cultural; hoy este proceso aunque continúa viene acompañado de políticas basadas en proyectos de economía social, entendiendo que la sociedad es una red, complejamente compuesta y orgánicamente unida entre todos sus actores.
Las plazas de mercado son órganos fundamentales que unifican distribuyen y redistribuyen, recursos económicos, pero también humanos y fundamentalmente capital social. Estos mercados son agentes de cambio pero también patrimoniales, multiplicadores de saberes y elementos culturales no solo materiales sino inmateriales, en una escala muy superior a almacenes de marcas privadas, con intereses individualizados, que responden a tendencias de mercado menos complejas y muchas veces superfluas en sentido de identidad y sus diferenciadores.
Claro ejemplo de esto se encuentra al realizar una comparación entre algunos de ellos como lo puede ser Jumbo de Girardot y el Jumbo de Soacha, o el Éxito de Ricaurte y el Éxito de Fusagasugá, prácticamente no hay diferenciadores culturales entre ellos ni en sus productos y muchas veces ni en su arquitectura, ya que responden a principios de estandarización de marca. Esto es muy diferente si se hace una comparación entre plazas de mercado como por ejemplo la galería de Girardot frente a la de Santa Marta, o la de Restrepo frente a la Perseverancia, aquí ya se encuentran elementos de identidad local, es más, la propia plaza se convierte en un diferencial cultural, con un potencial de desarrollo gigantesco.
Esta diferenciación es el pilar turístico el cual responde a elementos de identidad locales que comparten sus ciudadanos, pero que claramente los diferencian de los demás, propios de otras regiones. Este principio turístico se basa en características intrínsecas del ser humano, como lo es la necesidad de explorar, ser inquieto por naturaleza, propenso a experimentar cosas nuevas, a descubrir, a comparar, a sentir, a imaginar, a creer en lo infinito. Son los diferenciadores los que logran que un consumidor tome la decisión de comprar, puede ser, lo novedoso, lo típico, lo clásico, lo antiguo, lo tecno, o lo básico, pero lo importante es que sea diferente, es allí donde se encuentra la recordación, es allí donde el consumidor dirá lo recuerdo, nunca lo olvidaré.
Obviamente esta diferencia y este recuerdo, debe estar enmarcado en concepto de bienestar, esas características deben ser buenas, siempre positivas, que satisfagan, que hagan que ese turista o local, quieran volver por mas, que sus experiencia no solo sea correcta sino memorable, ese es el reto ¿Cómo lo hacemos, como logramos que nuestros mercados sean pilares económicos, pilares turísticos, y ejes de la memoria local y del visitante? ¿Que sean epicentros sociales, culturales y de bienestar para las ciudades o los municipios?
Juan Pablo Nieto
Mesa Interfacultades en Problemáticas Agroalimentarias